No creo en las certezas, pero sé que si me dispararan desde un país muy lejano
—desde un planeta muy lejano, una galaxia muy lejana—,
la bala agujerearía miles de montañas hasta dar conmigo
y partirme en dos el pulmón izquierdo.
Porque así de fácil soy como blanco.
.
Si alguien disparara ahora mismo en Japón, la bala no tardaría más de unos segundos en impactarme. Rompería el cristal de mi ventana y se dirigiría a mi pecho mientras yo, plácidamente, sueño con una vida en la que caminar atravesando ríos y descansar bajo higueras.
Dormida, recito a Anne Sexton:
Lavé las sábanas.
Tendí las sábanas y las vi
aletear y elevarse como gaviotas.
Cuando estuvieron secas las descolgué
y hundí mi cabeza en ellas.
.
Pero la bala rompería el cristal de mi ventana e impactaría en mi pulmón izquierdo. Lo sé, estoy segura. No necesito más pruebas que mi mera existencia. Mi muerte viajaría rápida, taladrando árboles, atravesando habitaciones de hotel, sábanas y gaviotas. Mi muerte costaría muchas vidas. Saldría en las noticias y todo el mundo hablaría de la bala. De la pistola. De los amantes en la habitación de hotel. Pero no de mí. No hablarán de mí ni después de muerta. Y así de desdichada soy. Y menos mal. Lo sé, estoy segura.
No sé cuántas montañas habría de perforar mi bala para cumplir su promesa. ¡No muchas, por favor! No quiero cargar con el peso de tantas montañas sobre mi espalda el mismo día de mi muerte. No cabrían todas en la esquela. Solo un par, si puede ser. Un par de montañas, los amantes del hotel y alguna que otra gaviota. Que nadie toque las sábanas limpias de Anne Sexton, por dios.
No sé cuándo ocurrirá la
tragedia
casualidad
destino
magia
desgracia
azar
Pero, por si acaso,
prefiero empezar a llorarle a los árboles desde ahora.
A disculparme ante los amantes de hotel.
A rastrear las posibles gaviotas.
Porque una nunca sabe cuándo será que una bala disparada desde un rascacielos en Tokio impacte en su pulmón izquierdo mientras duerme y recita a Anne Sexton.
Una nunca sabe cuánto tardaría una bala en cruzar catorce países.
Cuánto tiempo necesitaría para recorrer 10.762km.
Cuánta fuerza requeriría taladrar tantas vidas.
.
Lavé las sábanas.
Tendí las sábanas y las vi
aletear y elevarse como gaviotas.
Cuando estuvieron secas las descolgué
y hundí mi cabeza en ellas.
Repito sin cesar para conciliar el sueño.
No hay ninguna bala de camino, tranquila.
Descansa, duerme.
Nadie ha disparado en Tokio.
Ninguna montaña morirá esta noche.
.
Abril 2026

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