Enero 2026
Hace tiempo que vengo practicando un ejercicio que he llamado “la desmemoria”
Es bastante sencillo: solo tengo que tratar de olvidar todo lo que sé para volver a aprenderlo de nuevo, pero esta vez desde otro lugar.
Entonces el mundo se convierte en un elemento a observar y cuestionar. Y todos los lugares son desconocidos y bellos. Los sonidos; extraordinarios. Puedo volver a aprender a leer. A escribir. Me dejo fascinar cada instante.
En este intento de desmemoria, el objetivo es dejar de entenderlo todo y volver a experimentar por primera vez. Y ocurre que de pronto todo es hermoso e interesante y me quedo horas observando aves. Y podría dedicar días enteros a mirar los movimientos de la gente. Y las calles, y el horizonte.
Si olvido por un momento lo que es el horizonte, entonces me da menos miedo. Y me atrae hacia él. Y yo lo sigo.
Si olvido por un momento lo que es el mar, entonces da menos miedo. Me atrae hacia él, y yo lo sigo, y lo sigo.
Me dejo llevar por el mundo a mi alrededor. Y redescubro mi vida, en este ejercicio de desmemoria.
Y dijo Silvia Plath que, en todas partes, perceptible o imperceptiblemente, las cosas pasan, terminan, desaparecen. Me gusta que alguien pensara en esto mientras las cosas ocurrían, porque yo pienso en esto mientras me olvido de lo que sé y me adentro en este universo desmemorizado.
Practico esta técnica incluso cuando duermo, porque siempre parezco olvidar mis sueños.
Por las mañanas veo más, aunque no por ello mejor
(Yo el negro de las noches lo observo con maestría.)
Y las cosas ante las que nunca me he detenido, toman entonces forma de regalo para que pueda aprender de ellas una vez más.
Y voy más despacio, me paro, les doy tiempo.
Me doy tiempo.
Porque la desmemoria requiere de muchísimo tiempo. Pongamos que requiere de una vida entera.
Y es que no es un ejercicio, es una manera de aprender a mirar. A desmirar. Desaprender. Deshacer. Desanudar
La desmemoria o la habilidad de olvidar a propósito.
La desmemoria o escoger otra mirada.

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