Maria zarrabeitia

Y, y, y, y.

Cuando hace frío se me agrietan las manos y termino caminando por las calles con los nudillos ensangrentados. Cuando hace frío a veces no duermo y termino caminando por las calles con el contorno de los ojos morado, casi negro. Cuando hace frío muchas veces lloro de dolor y termino por no salir y no caminar y no pisar las calles. Entonces las primeras frases son mentira o no son verdad o no son sinceras o reales, genuinas, honestas, francas, auténticas, severas o no sé si hay más sinónimos de «verdad». Pero el caso es que entonces, cuando hace frío, solo soy yo, en mi habitación, frente al espejo. Y me miro y pienso «esto soy yo», y parece que acabo de pelearme con alguien. Y he perdido claramente. Y me miro los nudillos ensangrentados y los ojos morados y me duele el aire gélido y las lágrimas y el balcón. Miro desde el balcón y allí abajo no hay nada y grito y pido ayuda y nadie me escucha y resulta que al final nunca salgo al balcón y nunca grito y he vuelto a mentir o a no decir la verdad. Y, dentro, me digo que me estoy volviendo loca y que me tengo que abrigar más y que el frío no está en mi contra y que tengo que aprender a salir al balcón y también me digo que tengo una gran capacidad de escribir muchas veces la conjunción «y» sin que me importe el lector. Y es verdad. Y no me importa. Y esta vez no miento.

(Cuando hago esta cosa de repetir muchas veces una palabra, me dice la gente que tiene que ser deliberado, que no puedo hacerlo porque sí. Que cuando alguien hace algo que no se debe, ha de estar justificado con alguna intención creativa o literaria mayor. No puedo hacerlo solo porque me divierte y porque me siento cómoda así. Entonces me dicen que cuando un escritor repite muchas veces, por ejemplo, la palabra «blanco», es porque quiere resaltarla sobre el resto. Porque quiere hablar de limpieza, de pureza de la luz o de Dios. Probablemente de esto último. Aprovecho para contar en este párrafo metaliterario, estilo libre, irreverente, incluso incorrecto, que el color Pantone del año 2026 es, casualmente, el blanco. Y yo no creo en nada. Tampoco en las casualidades. Pero si Pantone puede escoger este color tan poco apropiado para los tiempos que corren y la sangre que se derrama sobre su impoluto e inocente blanco, yo puedo decir «y» todas las veces que quiera. Porque sí.)

Y me sangran los nudillos otra vez. Antes no se me agrietaban las manos, pero ahora no las conozco en otro estado. Y cuando toco la mano de alguien, siempre pienso en lo suave que está. También me fijo mucho más en los ojos. Yo, que siempre he tenido la piel muy lisa y homogénea y del mismo color, ahora me encuentro irregularidades en textura y tono. Entonces no me queda otra que mirar las pieles ajenas. Y me he dado cuenta de que hay mucha piel, en general, en el mundo. ¿Cuántos kilos de piel soportará la tierra? Hay mucha piel y muchos contornos de ojos. Y algunos se parecen a los míos, pero la mayoría no, y yo siempre deseo en bajito poder intercambiarme la piel de la cara con otras pieles para ver qué siente el resto. Para ver si también tienen frío en los pómulos cuando salen al balcón, si se vuelven de color rojo ante el aire gélido, si desearían también cambiar su piel con la de otro. Pienso mucho en que si tuviera otra piel debajo de los ojos, esta no sería morada casi negra y entonces no parecería que me he peleado -y perdido- con alguien. Entonces solo tendría que centrarme en esconder mis nudillos agrietados en unos grandes bolsillos que puedan contender los océanos de sangre que se me escapan por las manos. Y es que igual es por eso que me cuesta tanto enfrentarme al frío, porque claro, con tanta poca sangre, es difícil protegerse de cualquier cosa. Es que me pega el frío, y me gana. Por eso siempre tengo aspecto de haber perdido una pelea. De ahí la locura y el miedo y la disconformidad a que el color Pantone del año 2026 sea el blanco. Porque el blanco también es el color del frío y opino que este año ya ha muerto demasiada gente de frío.

Y ese yo de nudillos ensangrentados y contorno de ojos morado casi negro que no ha dejado de repetirse piensa sobre la reiteración, la redundancia, reincidencia, insistencia, tozudez, obstinación, terquedad, cabezonería e intransigencia de empezar a enumerar sinónimos y terminar en otra palabra distinta. Siempre de manera sutil pero efectiva.

Y pienso en eso de que no puedo repetir la conjunción «y» solo porque sí. Y no es que me guste perder peleas, pero igual sí que tienen razón. Igual la repito porque «y» implica dos o más elementos y puedo utilizar todas las palabras que me gustan y no me dan frío. Porque puedo usar todas las letras que me divierten y me hacen feliz y no me hieren las manos ni me alteran la piel. Y puedo pasar largo rato enumerando cosas y haciendo listas porque me encanta gastar el tiempo en cosas aparentemente banales. Pero no lo son porque he visto que hay gente que escribe «tmb» en vez de «también». Y me alegro de no tener tanta prisa como para solo poder escribir tres letras de una maravillosa palabra de siete. Me alegro de tener tiempo que invertir en escribir «también» sin urgencia. De enumerar elementos, objetos, sinónimos, conjunciones.

En el espejo parece que me he peleado y he perdido claramente. Y quizá sea verdad. O quizá esté loca, no lo sé y no me importa. Quizá mienta muchas veces cuando escriba y diga «y» solo porque sí. Pero al menos no he dicho que el color del 2026 debería ser un blanco blanquísimo y eso me sirve. Tanta piel, tantísima piel. Muchísima. ¿Cuántos kilos más de piel soportará la tierra antes de caerse?

Ah, no, que la tierra no se puede caer.

Pues vaya.

Qué envidia.

Yo no hago más que caerme.


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