El frío escala por las paredes de mi habitación. Trato de alejarme de ellas, pero mis manos, hechizadas, terminan por arrimarse a los tabiques y se congelan. Yo no puedo evitarlo, es una inercia imperativa y feroz. Son ingobernable en la quietud, en la gelidez, en la indiferencia. No sé qué hacer con ellas. No sé para qué me sirven ya, si se hielan y terminan quedándose adormiladas en mis bolsillos. Las miro mientras yacen sobre mis piernas. A veces se mueven con el viento, pero nunca con firmeza ni decisión.
He dejado de intentar animarlas. He dejado de intentar usarlas. Desconozco su valor, su objetivo. Abrazo su deseo de extinción, pero les pido que, al menos, me cuenten qué ha ocurrido, cómo es que ya no me miran. Ellas no responden; se cierran y descansan sin fuerza.
Me descubren entonces las paredes de mi habitación, justo cuando, rendida, cierro los ojos y creo dormirme, Me dicen que hoy mis manos no han tocado lo suficiente, que las han visto muy quietas, que no han pasado demasiadas páginas ni acariciado suficientes pómulos ni recibido mucho aire. Me explican que ese es el diagnóstico final, que por eso mueren mis manos.
Me cuentan las paredes de mi habitación a altas horas de la madrugada que las he mantenido muy quietas. Que los bolsillos de mi abrigo no son su casa, que su vida ocurre fuera. Añaden que mis dedos no han sujetado hoy suficientes lápices. Que no he escrito nada. Que se me están durmiendo y que hace mucho que no las saco a danzar. La pared fría contra la que apoyo mi almohada insiste en que ya es hora de que mis manos sean libres. Que se diviertan. Que creen algo. Que se muevan por su cuenta.
Me dice la pared blanca y rugosa de mi habitación que, si no quiero que mañana mis palmas se parezcan a ella, he de moverlas hoy por el mundo. Tomar la mano de otros. Amasar pan. Usar lápices de colores. Besar. Recortar imágenes. Columpiarme. Aprender a rimar. Palpar pétalos de flores por la calle. Saludar.
Quizá tengan razón y he de usarlas, que por algo tengo dos: con una sujeto mis debilidades y con la otra me lanzo a bailar.
Marzo 2025

Deja un comentario